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La revisión por pares comercial trae problemas a la academia

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La aparición de servicios de revisión por pares de pago han traído una serie de oportunidades para los investigadores en la medida de que muchos de sus trabajos pueden ser publicados de forma rápida en revistas académicas de prestigio. Sin embargo, la reciente renuncia de Mark Maslin, editor de Scientific Reports, al grupo Nature Publishing Group (NPG) ha provocado que la comunidad científica se plantee esta interrogante ¿La revisión por pares comercial beneficia o perjudica a la academia?

La dimisión de Maslin se produjo debido a la decisión de NPG de permitir a los autores hacer uso de Rubriq, un servicio comercial que permite hacer un proceso de revisión por pares rápido bajo el pago de US$750. Es sabido que cada vez los sistemas formales de revisión de las revistas académicas enfrentan problemas por la cantidad de papers que reciben para evaluación y por la exigencia cada vez más creciente de contrastar los datos que están contenidos en los trabajos para determinar su validez. Después de todo, este proceso es un esfuerzo anónimo voluntario para que los científicos reciban nada más que agradecimiento de editores de revistas y la buena sensación de contribuir al conocimiento. No obstante, los autores se ven resueltos a recurrir a servicios comerciales por la creciente exigencia de los sistemas de evaluación de la investigación que les exigen tener papers publicados en revistas de alto impacto con miras a ascensos, reconocimientos, financiamiento, entre otros.

Maslin emplea el siguiente argumento para explicar su posición:

Mis objeciones sobre el empleo de sistemas comerciales es que con su uso se establece un sistema de dos niveles y en vez de publicar la mejor ciencia en el momento oportuno se priorizará los papers de laboratorios o de grupos bien financiados.

Este problema ya había sido enfocado desde el año pasado. En una misiva del 23 de enero de 2014, Dan Graur del departamento de biología y bioquímica de la Universidad de Houston, quien se ha desempeñado como editor asociado de varias revistas arbitradas, denunció que "los mayores consumidores de revisión por pares parecen contribuir al menos con el proceso." Propuso que "las revistas deben pedir a los autores de alto nivel para proporcionar evidencia de su contribución a la revisión por pares como condición para considerar sus manuscritos."

Un mes más tarde, Sascha Ott y Daniel Hebenstreit, del centro de sistemas de biología de la Universidad de Warwick, en el Reino Unido, citan a Graur y proponen que la revisión por pares se debe realizar con sujeción a las fuerzas del mercado. En lugar de seguir la sugerencia de Graur para reunir más revisores, plantean que los científicos podrían complementar sus salarios al convertirse en revisores profesionales a tiempo parcial.

En noviembre del año pasado, Nature incluye un comentario de Martijn Arns, director e investigador del Instituto de Investigación Brainclinics en Nijmegen, Holanda. Bajo el titular Open access is tiring out peer reviewers (El acceso abierto está agotando nuestros revisores) en el que destaca que "Como el número de artículos publicados se incrementan, el sistema de revisión académica debe adaptarse a fin de evitar cargas inmanejables y estandares frente a los errores".

Arns citó evidencia acerca de la adherencia a los estándares. Observó que el primer factor es la publicación en la era digital y  luego con la proliferación de grandes volúmenes de sistemas de acceso abierto pagados por el autor que han agravado la demanda, aumentando la presión y provocan "exceso de trabajo y fatigan a los revisores."  Como solución, sugirió lo que equivale a un triaje para los trabajos presentados, con fines voluntarios: se debe implementar sistemas de revisión por pares donde toda la comunidad pueda revisar bajo ciertas categorías de trabajo. El proceso de revisión por pares de pre-publicación sería reservar "los papers con un impacto social más directo, donde la cuestión sería publicar lo más relevante."

El 8 de enero del 2015, Nature publicó una carta firmada por el investigador biomédico Eleftherios P. Diamandis, de la Universidad de Toronto, donde cita a Ott, Hebenstreit y Arns donde propone una idea de remuneración basada en el mercado: pagar US$50 por hora. Y continúa:  La publicación en una revista de acceso abierto cuesta alrededor de $ 1.000 a $ 2.000, por lo que el pago de $200 a un revisor no parece excesivo. Los autores y la revista podrían dividir el costo por igual.

Los posibles revisores estarían más inclinados a hacer un trabajo rápido y exhaustivo. Los científicos jubilados con una amplia experiencia y bastante tiempo libre estarían dispuestos a participar. Los editores estarían a la caza de árbitros dispuestos.

La carta de Diamandis termina con un recordatorio implícito en el que los revisores son personas, no sólo fuentes de trabajo científico. Y concluye: "Entonces podríamos usar nuestros honorarios de revisión para volver a comprar un poco de placer -Yo podría comprar una mesa de billar, una máquina de pinball o incluso una cinta de fantasía".

En todo caso, es necesario destacar que existen sistemas gratuitos de revisión como PubPeer donde cualquier interesado puede comentar un artículo. Sin embargo, si uno explora algún trabajo sobre temas como las ciencias sociales o las humanidades se da cuenta de que no existen revisiones a trabajos de este tipo.

Desde mi punto de vista, pagar a revisores conllevaría muchos sesgos en la publicación de trabajos e incrementaría la invisibilidad de muchos trabajos que van en contra de las teorías dominantes o que cuestionan a ciertos grupos de investigación que cuentan con gran financiamento. Finalmente, la comercialización de la ciencia debe hacernos reflexionar que la actividad de todo académico es evitar caer en este tema y debe hacernos recordar que el acceso abierto precisamente nace como una propuesta subversiva, tal como lo definió Steven Harnad en la década de los noventas, frente a un sistema que había caído en manos de interéses comerciales.